International Clash Day in Mexico with Cultural Journalist Luli Serrano Eguiluz

International Clash Day
02/07/2019
Albina Cabrera
 ENGLISH TRANSLATION

What do The Clash and the peoples of Latin America have in common in 1979? The struggle for human rights.

To talk about The Clash is to talk about fighting against power. Strummer's work had no physical or linguistic limits. Nor was it chance, but the consequence of an international context that was crying out for an artistic, social and political breakdown. Neither is the secret admiration of the band for the rhythms of Latin America and it is not news that 40 years ago when London Calling was released in 1979, Latin America lived in some of the worst and darkest moments of its history.

There is a lot to say about this and each country has a particularly painful experience, that's why we celebrate that music unites. Throughout this week, KEXP speaks with different referents, writers, and music journalists from Argentina, Chile, Brazil, Uruguay, Guatemala, and Mexico to give us an opinion and more detailed framework of what happened back in 1979. Today, cultural journalist Luli Serrano Eguiluz tells us about Mexico. Eguiluz has collaborated with Front, Marvin Magazine, Noisey, Letras Libres, NylonMag, Rolling Stone, Noiselab, TrackRecord. She's been the label manager of MiCo and Elefant Records, and does the podcast Bridges.

Mexico in 1979 was a year remembered by the first papal visits, diplomatic ruptures with the Nicaraguan dictatorship of Somoza and a naive and cloying musical scene. The musical homogeneity was evident: there was little influence from other countries.

Camilo Sesto, José Luis Perales, and Rocío Dúrcal ruled the industry at that time. Meanwhile, 8,492 kilometers away, a revolt was brewing and it would inevitably splash the confines of the other side of the ocean. Although it is totally unlikely to know with certainty the first time a Mexican listened to London Calling, the truth is that the time is relative and that sooner rather than later, The Clash moved to Mexico once and forever. Between the margins of various territories, outlaws of all ages witnessed a large scene formed by groups of various kinds, created fanzines, street gigs emerged beginning as funky holes, the name given to the places which surreptitious and volatile concerts were born, where musicians and assistants, felt the breath of the police behind their back. Temporarily autonomous areas that always ended up bursting by the authoritarian harassment of a government that, at that time, had been under the rigid yoke of the only party in power for 50 years.

The presence of The Clash and its spirit does not end. It floats in the air, manifests itself today, forty years after the publication of London Calling, in one of the wealthiest corners of Mexico City where the Jumex Museum is located, a private cultural venue where Laureana Toledo, one of the most important artists of our country, a great scholar and documentalist of the punk movement inside and outside Mexico, recently released an exhibition with her vision and selection of the Mick Jones archive, the Rock and Roll Library. The Clash resonates in the most direct social complaint of bands like Massacre 68 and Atoxxxico. It is explicitly enrolled in the work of “Tijuana No”, whose deceased leader Luis Güereña is the closest our country will ever have to a local Joe Strummer. The alternative Mexican audiences of the '90s were exposed to The Clash perhaps for the first time through the cover that “Tijuana No” made of Spanish Bombs, with the voice of Ceci Bastida. The Clash found its place in Mexican geography through the local punk scene that was lit in the mid-80s as a direct consequence of the English, American and Spanish punk records, imported pieces that began to arrive slowly, as unofficial copies and some originals to the halls of the tianguis del Chopo, the alternative market of exchange and purchase that emerged by those same years.

The Clash and its neverending existence beat from hand to hand. It is alive in the rebel forms of Size, in the alleys of Ecatepec and San Juan Chamula, in El Gran Silencio (the Great Silence) using buckets and stick guitars as instruments at the beginning of a career, in a cover of El Rey  de José Alfredo Jiménez paired with Should I stay or should I go. It’s in the punk festivals organized at the Alicia Multiforo Cultural, where Tin Tan is always present on the walls, the original pachuco whose shapes and costumes would take up Maldita Vecindad, linking him irremediably to the punk styles and criticism of The Clash. All of them are absolutely different places in time and form, but when seen together, they express the diverse shapes that The Clash has taken, spilling over into the daily musical life of Mexico and the history of its popular culture for almost forty years. The musical map and the ideas expressed by The Clash are expressed in the mountains, in the garbage dumps, in the mountains and in various garages in all corners of the country. In each of the thirty-one states that make up the Mexican Republic, there are at least a couple of punk groups. It is easily imaginable that at least a quarter of them have tried to play a song by The Clash.


ORIGINAL VERSIÓN EN ESPAÑOL

¿Que tienen en común The Clash y los pueblos de América Latina en 1979? La lucha por los derechos humanos

Hablar de The Clash es hablar de lucha contra el poder. La obra de Strummer no tuvo límites físicos ni idiomáticos. Tampoco fue casualidad sino consecuencia de un contexto internacional que pedía a gritos un quiebre artístico, social y político. Tampoco es novedad la secreta admiración de la banda por los ritmos de América Latina y tampoco es novedad que hace 40 años, cuando en 1979 se editaba London Calling, América Latina vivía de los peores y más oscuros momentos de su historia. 

Hay mucho por decir sobre y cada país tiene una experiencia dolorosa en particular, por eso celebramos que la música une. Hablamos con distintos referentes, escritores y periodistas musicales de Argentina, Chile, Brasil y Guatemala para que nos brinden una opinión y un marco más en detalle de lo que sucedía allá por 1979. MEXICO by Luli Serrano Eguiluz. Periodista cultural. Colaboró en Frente, Revista Marvin, Noisey, Letras Libres, NylonMag, Rolling Stone, Noiselab, TrackRecord.  Trabajó en Label manager de MiCo y Elefant Records. Podcast Puentes (puentes.mx)

México en 1979 fue un año marcado por primeras visitas papales, rupturas diplomáticas con la dictadura nicaragüense de Somoza y una escena musical plagada de melcocha. La homogeneidad musical era evidente: llegaban pocas noticias de otros países. 

Mandaban Camilo Sesto, José Luis Perales y Rocío Dúrcal. Mientras tanto, a 8,492 kilómetros de distancia se gestaba una revuelta que salpicaría inevitablemente los confines del otro lado del océano. Aunque es del todo improbable saber con certeza la primera vez que un mexicano escuchó London Calling, lo cierto es que el tiempo es relativo y que más pronto que tarde, The Clash se mudó a México para nunca más abandonarlo. Entre los márgenes de diversos territorios, proscritos de todas edades dan testimonio de una nutrida escena formada por colectivos de diversa índole, fanzines, toquines callejeros que comenzaron como hoyos fonquis, el nombre que se le dio a los sitios donde se gestaban conciertos subrepticios y volátiles donde todos, músicos y asistentes, sentían el aliento de la policía detrás de la nuca. Zonas temporalmente autónomas que siempre terminaban reventadas por el acoso autoritario de un gobierno que en aquel entonces llevaba 50 años bajo el rígido yugo del único partido en el poder.

La presencia de The Clash y su espíritu no cede. Flota en el aire, se manifiesta hoy mismo, cuarenta años después de la publicación de London Calling, en una de las esquinas más adineradas de la ciudad de México donde se encuentra el Museo Jumex, un recinto cultural privado donde Laureana Toledo, una de las artistas más importantes de nuestro país, gran estudiosa y documentalista del movimiento punk dentro y fuera de casa, recién estrena una muestra con su visión y selección del archivo de Mick Jones, la Rock and Roll Library. The Clash resuena en la denuncia social más directa de bandas como Massacre 68 y Atoxxxico. Se le encuentra explícitamente inscrito en la obra de Tijuana No, cuyo fallecido líder Luis Güereña es lo más cercano que nuestro país estará de contar con un Joe Strummer local. Las audiencias mexicanas alternativas de los ’90 fueron expuestas a The Clash quizás por primera vez a través del cover que Tijuana No hiciera de Spanish Bombs, con la voz de Ceci Bastida. The Clash encontró su sitio en la geografía mexicana a través de la escena de punk local que se encendió a mediados de los 80 como consecuencia directa de los discos de punk inglés, americano y español, piezas importadas que comenzaron a llegar a cuentagotas, en forma de copias no oficiales y alguno que otro original a los pasillos del tianguis del Chopo, el mercado alternativo de trueque y compra fundado por esos mismos años. 

The Clash es una existencia siempre reabastecida que palpita de mano en mano. Está en las formas rebeldes de Size, en los callejones de Ecatepec y San Juan Chamula, en el Gran Silencio usando cubetas y guitarras de palo como instrumentos al principio de su carrera, en un cover al Rey de José Alfredo Jiménez apareado con Should I stay or should I go. Está en los festivales de punk organizados en el Multiforo Cultural Alicia, donde se exhibe un siempre presente Tin Tan en las paredes, el pachuco original cuyas formas y atuendos retomaría Maldita Vecindad, enlazándolo irremediablemente a los modos punks y la crítica de The Clash. Todos son lugares absolutamente distintos en tiempo y forma pero que vistos en conjunto expresan las diversas formas que ha tomado la existencia de The Clash, derramándose en la vida cotidiana musical de México y en la historia de su cultura popular por casi cuarenta años. El mapa musical y las ideas manifestadas por The Clash se expresan en las montañas, en los basureros, en las sierras y en diversos garajes en todos los rincones del
país. En cada uno de los treinta y un estados que componen la república mexicana existen al menos un par de grupos de punk. Es imaginable que al menos una cuarta parte de ellos ha intentado tocar una canción de The Clash.

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